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HAMNET: doler, llorar, sanar.

Supongo que me gustan las películas, las buenas películas, porque en ellas, a diferencia de lo que pasa en nuestras vidas, todo está ordenado. Frente al caos de lo cotidiano, la pantalla me ofrece un relato en el que cada pieza encaja y donde todo confluye en un final que, con independencia de que sea trágico o feliz, sentimos que al llegar a él hemos recorrido un camino en el que hemos aprendido. En el que incluso nos hemos reencontrado con nosotros mismos, dándole sentido a un par de horas fuera del ajetreo que nos disloca, a salvo de tanta luz y de tantas expectativas. De esta manera, una buena película acaba siendo sanadora. Como lo es un abrazo, un reencuentro amistoso, un paisaje frente al que sentimos la grandeza del universo.     Nunca pude imaginar que vería una película como  Hamnet  al final de una semana que también a mí me ha atravesado con las sombras de ese dolor que, aun siendo ajeno, se vuelve colectivo porque nos recuerda la fragilidad que compartim...
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¿QUÉ TIENE JULIO IGLESIAS QUE VER CON NOSOTROS?

Cu ando en estos días seguía las noticias sobre las denuncias presentadas contra Julio Iglesias y leía opiniones en todos los sentidos, incluidas aquellas que confirman que cualquier sistema de opresión necesita de la complicidad de los oprimidos (oprimidas en este caso), volvía a constatar la confusión que siempre que se visibiliza un caso de violencia machista nos lleva a análisis fallidos. Me refiero a que, con frecuencia, no sabemos distinguir las responsabilidades individuales de las colectivas. Es decir, de una parte estaría, en su caso, y una vez que con todas las garantías procesales se dicte sentencia, la responsabilidad penal del sujeto o de los sujetos con respecto a los cuales quede demostrado que han sido ejecutores de la violencia. De otra, estaría una responsabilidad mucho más amplia y colectiva que es la que nos obliga a tener en cuenta por qué y de qué manera esos comportamientos individuales forman parte de un sistema, de unas estructuras de poder y de una cultura que...

LA MASCULINIDAD COMO DISPOSTIVO DE PODER

  Hoy cedo el espacio de mi blog a las generosas y comprometidas palabras de mi colega y amigo JUAN JOSÉ TAMAYO: Casi dos generaciones nos separan a  Octavio Salazar Benítez  y a mí, además de nuestra diferente formación académica y nuestra profesión: él es doctor en derecho y catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba; yo soy doctor en teología y filosofía, teólogo de la liberación y actualmente emérito honorífico de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III. Yo siempre estuve alejado del derecho y Octavio vive inmerso en él, si bien con una mirada crítica y alternativa desde la perspectiva del feminismo y de la crítica de las masculinidades hegemónicas. Estas distancias primeras empezaron a acortarse en 2006, año en el que participamos en un Congreso en la Universidad de Córdoba, organizado por la Cátedra Unesco, Ahí comenzó un itinerario común que desembocó en  complicidad interdisciplinar a travé...

RONDALLAS: la alegría de lo común.

  Para mí el cine siempre ha tenido un efecto sanador. La sala oscura ha obrado con frecuencia milagros en momentos en que me he sentido solo, o perdido, o con más preguntas que certezas. De ahí que incluso no haya necesitado compañía para disfrutar en mi butaca, y hasta en ocasiones ha sido para mi mejor hacerlo a solas de las historias que, a lo grande, me mostraban otro mundo posible. La potencia de unas emociones que quizás en ese momento yo tenía maltrechas en mi vida de aprendiz casi siempre insatisfecho. También cuando he sentido que el mundo se rompía en mil pedazos he corrido al cine como si fuera un refugio a salvo de bombas y de sátrapas. De esta manera, podría casi escribir mi biografía a través de las películas vistas y de los momentos en que me zarandearon y me llevaron de la risa a las lágrimas. Una biografía que podría ser la de una generación entera, la de un momento histórico, entre finales del siglo XX y el XXI, en el que tantas certidumbres se nos han ido hacien...

FATHER, MOTHER, SISTER, BROTHER: perfectos desconocidos.

  “Los padres abandonan a los hijos. Los hijos abandonan a los padres. Los padres protegen o desprotegen pero siempre desprotegen. Los hijos se quedan o se van pero siempre se van”. Alejandro Zambra     He terminado mi año cinematográfico solo en la sala de un multicines, a las cuatro y media de la tarde, refugiado del frío y del ruido, como si hubiera llegado a ella escapando de las luces y los villancicos que sonaban afuera, en un centro comercial que bien podría ser un “no lugar”. Dos soledades distintas. Refugiado en ese hogar, la última película de Jim Jarmusch, aparentemente sencilla, equívocamente amable, me ha traspasado, como lo hacen las buenas historias, es decir, llevándome por emociones dispares y por territorios que bien podrían ser un espejo. En la antítesis de las películas navideñas que se repiten estos días en las televisiones,  Father, mother, sister, brother  nos habla de la extrañeza que habita en las familias a través de tres episodios que ...

EL TIEMPO INVISIBLE

CUANDO LLEGA la fron­tera de un nuevo año y casi todos hace­mos pro­pó­si­tos de enmienda, estoy seguro de que una mayo­ría de noso­tros sería feliz si el 6 de enero des­per­tara con días de más horas. Un regalo impo­si­ble que nos advierte de cómo sobre­vi­vi­mos en unas vidas ace­le­ra­das, en las que todo parece haberse vuelto urgente y en las que lo impor­tante acaba en las afue­ras. Con el paso del tiempo, y una vez pasado ese fre­nesí que de jóve­nes nos pide acon­te­ci­mien­tos, empe­za­mos a dar­nos cuenta de que en los relo­jes habita casi el único tesoro que nos hace más o menos ricos. Una lucha que en estos años sal­va­jes se ha vuelto más dolo­rosa por­que somos parte de un sis­tema que nos exige estar siem­pre pro­duc­ti­vos y a ser posi­ble con apa­rien­cia de feli­ci­dad. De ahí que una de las revo­lu­cio­nes más radi­ca­les que hoy podría­mos plan­tear­nos sería la que nos lle­vara a otra rela­ción con el tiempo y, por tanto, a un enten­di­miento de lo coti­diano mucho ...

EL SENDERO AZUL: la vejez rebelde.

Las sociedades avanzadas del siglo XXI parecen empeñadas en no querer mirar la realidad evidente y creciente de su progresivo envejecimiento o, lo que es lo mismo, del incremento imparable de personas que identificamos como “de edad avanzada”, lo cual plantea una serie de retos que van desde las dimensiones de los maltrechos Estados sociales a la redefinición de la ciudadanía de unos sujetos a los que el sistema expulsa a las afueras. Contemplados como una suerte de incapaces jurídica y políticamente hablando, y esclavos de una lógica médica y asistencialista absolutamente parcial e injusta, los individuos que llegan a esa frontera que el mercado identifica con la jubilación se convierten en unos parias a los que con alegría negamos derechos y, por tanto, autonomía. El edadismo que todas y todos hemos interiorizado,     y que es una pieza clave de un modelo económico que prima la juventud y la productividad, genera discriminaciones, injusticias y humillaciones, las cuales, ade...